jueves, 27 de julio de 2017

El guerrero a la sombra del cerezo, un retrato del Japón del siglo XVI alejado de los tópicos

Hoy entrevistamos para Why On White a David B. Gil, autor de El guerrero a la sombra del cerezo, la primera obra autoeditada galardonada con el premio Hislibris de Novela Histórica y finalista del Premio Fernando Lara. Sin duda, un éxito que demuestra que la autoedición puede ofrecer al lector obras de gran calidad de autores poco conocidos.


¿De dónde viene tu interés por la cultura japonesa?
Desde muy pequeño, pero no sabría establecer un momento 0. Supongo que, como muchos, entré en contacto con Japón a través del anime, los videojuegos y las artes marciales. Luego, en el instituto ya, comenzaron a llegar los primeros mangas traducidos a España, pero lo que terminó de atraparme fue el primer volumen de la trilogía Musashi, de Eiji Yoshikawa, que Martínez Roca publicó en español allá por los 90. Esa fue mi entrada a la literatura japonesa, desde ahí comencé a leer todo lo que se traducía al español (que en aquel entonces no era ni la décima parte de lo que se publica ahora) y a ver cualquier cosa que hubiera en el videoclub de Akira Kurosawa o Yoji Yamada.

Una de las cosas que más llama la atención cuando lees el libro es el magnífico ejercicio de documentación histórica que has hecho sobre la sociedad japonesa de principios del siglo XVI. ¿Cómo te has documentado?
Ya tenía un conocimiento general del momento histórico, un background formado a partir de los artículos, ensayos y ficciones que había leído a lo largo de los años. Pero cuando comienzas a trabajar en una novela, te das cuenta de que el marco histórico apenas te da las coordenadas temporales y sociales, lo más difícil de documentar es la vida cotidiana, el costumbrismo de aquella época, y eso no lo encuentras en los libros de Historia ni en las biografías de personajes relevantes. Quería hacer un retrato fidedigno del Japón de la época, alejado de los tópicos con los que nos manejamos en Occidente, y la única manera de hacerlo fue, primero, estudiando detalladamente las obras literarias y pictóricas creadas en aquel periodo (siglos XV y XVI), como los grabados ukiyo-e o los diarios de viaje de Matsuo Basho, donde podía encontrar un retrato de primera mano del día a día de ese Japón antiguo. Pero llegó un momento en el que me resultó imprescindible pedir información a fuentes japonesas, y tuve la suerte de conocer a japoneses que me hicieron el gran favor de buscar y traducir para mí todo aquello que yo no encontraba desde aquí.

¿Cuánto tiempo te ha llevado todo ese trabajo de investigación, documentación y redacción de una historia como esta?
Me resulta complicado precisar el tiempo que he trabajado en El guerrero a la sombra del cerezo, han sido muchos años, con más o menos dedicación dependiendo de mis circunstancias. El archivo de texto original que está en mi ordenador se creó en 2009, pero previamente había trabajado más de dos años en planificar la novela y recoger la documentación inicial necesaria. Terminé de escribirla en 2012, pero a eso ha seguido un largo periodo de revisión y reescrituras que se ha prolongado prácticamente hasta su publicación, en 2017.

¿Has podido visitar los paisajes que describes en El guerrero a la sombra del cerezo?
Sí, posteriormente a la primera versión de la novela. La gente suele tener en mente la imagen del escritor que viaja para documentarse, pero eso está al alcance de los autores consagrados que viven de su oficio, un primerizo no tiene esa posibilidad. Así que descubrí esos paisajes a través de la documentación y la ficción que otros habían hecho, y posteriormente los redescubrí en persona. Era algo que en principio no me preocupaba, porque muchos de los escenarios que aparecen en El guerrero ya no existen o se hayan profundamente transformado. Sin embargo, después de estar allí, de visitar los caminos y paisajes que previamente habían recorrido mis personajes, tuve que reescribir muchos pasajes del libro. No porque hubiera incurrido en imprecisiones históricas, sino porque ahora era capaz de transmitir una imagen más potente y vívida de aquellos lugares.

Otra de las cosas que me ha llamado poderosamente la atención es que, en vez de centrarte en el Japón de los samuráis, has decidido dar voz a prácticamente todas las clases sociales del Japón del siglo XVI, ¿por qué?
Como dices, lo habitual en este tipo de historias es que siempre se muestre el mundo de los samuráis, ya sea través de la guerra, los ambientes cortesanos o de la figura del samurái errante. Y aunque también hay mucho de eso en El guerrero a la sombra del cerezo, hay que tener en cuenta que la casta samurái representaba tan solo un 10% de la población. El Japón feudal lo conformaban, principalmente, toda esa población que suele quedar en un segundo plano en la literatura histórica sobre el país: los campesinos que organizaban su vida según los ciclos del arroz, los mercaderes que debían mover sus mercancías por un país fragmentado por la guerra, los miles de peregrinos que viajaban de un templo a otro, los médicos, los ashigaru (esos guerreros que no eran samuráis, pero que constituían la mayor parte de la soldadesca que moría en un campo de batalla)… Todo eso era el Japón de la época y yo quería mostrarlo, quería ofrecerle al lector una imagen polifacética, alejada de estereotipos.

Uno de los personajes que más me ha interesado es el de Ekei Inafune, un médico errante con un carácter pragmático que le lleva a entrar en contacto con la medicina occidental a través de los hospitales de las misiones jesuitas portuguesas. Háblanos un poco de como construiste este personaje.
Quería que la novela girara en torno a dos personajes atípicos, enfrentados con sus circunstancias, y mientras Seizô Ikeda vive un conflicto interno, Ekei Inafune, ese médico errante e independiente, vive un conflicto con su tiempo, con el mundo que le roda. Es un hombre que, gracias a sus viajes por Japón, ha entrado en contacto con la medicina de los “bárbaros del sur”, que es como los japoneses llamaban a los primeros occidentales (portugueses y españoles) que llegaron al país. Inafune ha descubierto que aquellas técnicas médicas son superiores, al menos en ciertas cosas, a la medicina tradicional china y japonesa. Abrazar esta verdad lo convierte en un médico único entre los suyos, pero también lo convierten en una persona repudiada de la que sus propios colegas desconfían. Aun así, Ekei se encuentra decidido a probar cualquier cosa que le ayude a ser mejor médico, pues le motiva una imperiosa necesidad de redención. Debe equilibrar su karma, compensar los actos de un pasado que el lector no conoce.

En contraposición, el otro protagonista, Seizo Ikeda tiene un punto mucho más idealista y defensor de las tradiciones ancestrales, ¿verdad?
Seizo es un muchacho de 9 años, descendiente de una poderosa casa samurái, educado por tanto en un código de valores y una tradición marcial que terminan por marcar su vida de forma dramática. Cuando toda su familia es exterminada en una sola noche, recae sobre él una pesada carga: la de la venganza. Desde esa temprana edad se le instruye y se le educa con este único fin, que se convierte en el motor de su vida no porque él lo haya decidido, sino porque le obligan la ley y la tradición samurái. Es una historia de venganza poco convencional, porque en Occidente estamos acostumbrados al revanchismo alimentado por el odio, surgido de un sentimiento de reparación, pero en el Japón antiguo la venganza era una obligación del afrentado, regulada incluso por leyes. Seizo se convierte en el instrumento de una venganza de la que él mismo duda; siente todos aquellos acontecimientos lejanos, no hay odio en él. Es una persona condenada por su giri, por un deber del que quiere liberarse.

¿Cuál es el proceso para conseguir que personajes del Japón del siglo XVI sean cercanos al público español del siglo XXI?
Creo que las pasiones y sentimientos que mueven a las personas son esencialmente los mismos en todas las épocas y lugares, lo que cambia es la forma de expresarlos o gestionarlos. En ese sentido, el objetivo era que mis personajes se expresaran y se comportaran como lo hacían los japoneses de aquella época, apoyándose en los silencios y los sobreentendidos, de forma mucho más elusiva a como lo hacemos nosotros, pero que, al mismo tiempo, el lector los comprendiera más allá de lo explícito, que pudiera “leer” lo que estos personajes callaban. Si lo conseguía, sabía que empatizarían con ellos, porque son personajes movidos por una historia muy poderosa. Cuando los lectores se acercan a comentarme la novela y me hablan sobre todo de los personajes, de cómo los echan de menos, quiero pensar que lo he conseguido.

¿Crees que en España hay interés por la cultura japonesa?
Japón es uno de los países que más cultura exporta, y lo curioso es que su industria cultural no está orientada a la exportación como, por ejemplo, la estadounidense, sino que es casi reticente. Cuando comenzó a publicarse manga aquí, los editores españoles tenían que convencer a los editores y autores japoneses de que sus historias, efectivamente, tenían interés fuera de sus fronteras. En cualquier caso, la cultura japonesa es muy potente a muchos niveles: cautiva tanto a los practicantes de artes marciales como a los jóvenes que empiezan leyendo manga o a los aficionados a los videojuegos. En España nos hemos enamorado en los últimos años de autores como Haruki Murakami, hemos abrazado con pasión su gastronomía y hemos convertido Japón en uno de nuestros destinos turísticos favoritos. Es evidente que hay un creciente interés en España por todo lo japonés, no tanto como en Francia quizás, que es un país con un japonismo arraigado desde hace décadas, pero es un interés innegable. El número de españoles que visita Japón se ha doblado en los últimos años, y eso no es casualidad.


A pesar de haber sido finalista del Premio Fernando Lara, El guerrero a la sombra del cerezo vio la luz gracias a la autoedición. Posteriormente accediste a editoriales convencionales donde has publicado Hijos del Dios Binario. ¿Cómo valoras el papel de ambas formas de edición y el futuro del sector?
La autopublicación te permite un control total sobre la obra y que el autor se embolse la mayor parte del dinero que su obra genera. La publicación tradicional pone a tu disposición, sobre todo, distribución: llevarte a las estanterías de las librerías, que siguen siendo el principal canal de venta de libros; y en menor medida, promoción. Creo que la estructura lógica y sensata, a lo que el negocio tendrá que evolucionar, es a que las editoriales hagan lo que solo ellas pueden hacer, que es publicar y explotar los libros en papel, y que el autor conserve los derechos de su obra en digital para explotarlos directamente, porque no necesitas a una editorial para publicar en eBook.

¿No da un poco de respeto un éxito tan rápido?
En realidad, solo se puede percibir como rápido desde fuera. Para mí el proceso ha sido largo y costoso, he llegado a esto por pura obstinación. Hay que tener en cuenta que El guerrero a la sombra del cerezo está escrita desde 2012 y que, durante todos estos años, pese a ser finalista de un premio tan importante como el Fernando Lara o convertirse en la primera obra autopublicada en ganar un Hislibris, ninguna editorial quiso arriesgarse con el libro. Solo después de convertirse en un bestseller de Amazon España y de publicar una segunda novela (que nada tiene que ver con esta), los editores han decidido apostar por El guerrero en papel. La gente escucha que la editorial ha tenido que imprimir una segunda edición a la semana de estar el libro en la calle y parece que es un éxito caído del cielo, pero eso sucede porque, durante dos años, muchas personas han leído y recomendando el libro cuando era un ebook autopublicado, y había un importante número de lectores que estaban esperando esta edición en papel.

Has publicado un cuento, Shokunin, que es un spin off de El guerrero a la sombra del cerezo. ¿Quiere eso decir que habrá otras continuaciones en el futuro? ¿Otra novela o más cuentos?
Una continuación, no creo. El guerrero a la sombra del cerezo es una obra autoconclusiva y bastante cerrada. Nunca hay que decir de esta agua no beberé, porque puede surgir una buena historia para retomar a los personajes. Las buenas ideas no abundan, son caprichosas y, si surge una, tienes que aprovecharla. Pero por ahora no lo tengo en mente. Lo que sí pienso hacer es regresar al periodo histórico; de hecho, en la novela que estoy escribiendo ahora vuelvo al Japón feudal. Respecto a Shokunin (publicado exclusivamente en digital), es un divertimento, un relato de detectives ambientado en el Japón feudal y protagonizado por el médico Ekei Inafune. Los que hayan leído la novela ya saben que la trama de este personaje tiene mucho de misterio e investigación, es casi un noir feudal, si se me permite el juego de palabras, y me apetecía explotar esta faceta del personaje escribiendo para él un relato policiaco a lo Arthur Conan Doyle. Me alegro de que los lectores se hayan hecho cómplices de esta travesura y le estén dando tan buen recibimiento.

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